¿Qué es la psicoterapia?
A menudo se tiene la idea de que ir a psicoterapia consiste únicamente en hablar. En otros casos, se asocia al terapeuta con alguien que ofrece consejos. Por ello, quienes ya hablan de sus problemas con amigos o familiares, o incluso creen tener claridad sobre qué deberían hacer para mejorar, pueden pensar que acudir a terapia no les aportará nada nuevo.
No obstante, al igual que en medicina existen tratamientos muy distintos y diversos, en psicología existen múltiples técnicas y formas de psicoterapia. Algunas se enfocan en trabajar con individuos, otras con parejas, familias o grupos. A veces el objetivo es encontrar soluciones para problemas actuales, y en otras ocasiones se exploran las experiencias pasadas. Hay terapias basadas en el diálogo, llamadas verbales, y otras centradas en el cuerpo, conocidas como terapias psicosomáticas.
Lo importante es entender que una buena psicoterapia busca un proceso de transformación personal, ayuda a desbloquear emociones, tomar conciencia de aspectos internos, y mejorar nuestra relación con nosotros mismos y nuestro entorno. El terapeuta actúa como guía mediante métodos específicos cuando sentimos que no encontramos soluciones efectivas. Su función no es dar respuestas ni tomar decisiones por nosotros, sino facilitarnos el acceso a nuestros propios recursos y herramientas.
¿Qué es la terapia EMDR?
Cada tipo de psicoterapia parte de una manera particular de comprender al ser humano y su salud mental. En el caso de EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), se entiende que muchos problemas psicológicos derivan de experiencias pasadas que no se han procesado adecuadamente.
A lo largo de la vida enfrentamos situaciones difíciles. Por lo general, nuestro sistema psicológico puede gestionar estas vivencias a través del tiempo, el apoyo social y el autocuidado. No siempre es necesario acudir a terapia. Pero en ciertos casos, cuando la experiencia es demasiado intensa o abrumadora, el cerebro no consigue integrar lo ocurrido. La información se queda “atascada” en el sistema nervioso, provocando reacciones emocionales intensas al recordarlo, como si lo estuviéramos viviendo de nuevo. Aunque sepamos racionalmente qué deberíamos hacer para sentirnos mejor, a veces no lo logramos. El recuerdo sigue influyendo en nosotros incluso si ya no lo tenemos presente a diario.
En consulta, muchas personas llegan con síntomas físicos, estados de ánimo bajos, ansiedad o conductas perjudiciales, sin entender del todo la conexión con experiencias pasadas. La terapia EMDR permite trabajar con estos recuerdos bloqueados, favoreciendo el procesamiento emocional, lo que contribuye a una mejora significativa en el bienestar y calidad de vida.
¿Y si mis preocupaciones son actuales?
Aunque EMDR se relaciona frecuentemente con traumas pasados, su aplicación no se limita a eso. La terapia se orienta siempre a lo que preocupa en el presente. Muchas experiencias del pasado no llegan a causar secuelas, pero algunas quedan activas internamente. Para saber si una vivencia sigue activa, podemos hacer el siguiente ejercicio: pensar en ese recuerdo con detalle durante un minuto, observando nuestras emociones, pensamientos y sensaciones físicas. Si sentimos incomodidad, aunque sea leve, es señal de que el recuerdo aún no ha sido completamente procesado. EMDR permite “desactivar” estos recuerdos residuales, eliminando la perturbación que provocan y facilitando un mayor bienestar emocional.
¿Hay recuerdos imposibles de superar?
A veces creemos que ciertos eventos son imposibles de superar, simplemente porque los llevamos con nosotros desde hace mucho o han influido profundamente en nuestra identidad. No obstante, la experiencia clínica con EMDR muestra que cualquier recuerdo puede ser procesado y asimilado de manera saludable, incluso los más dolorosos como pérdidas, abusos o enfermedades graves. Los traumas sufridos en etapas tempranas de la vida, que afectan directamente al desarrollo emocional y psicológico, también pueden ser abordados y superados con esta terapia.
¿Y si no he vivido traumas graves?
En EMDR, el concepto de trauma no se limita a hechos extremos. Se habla también de experiencias negativas aparentemente menores que, sin embargo, han dejado una huella duradera. Por ejemplo, un profesor humillante, críticas sobre el físico en la adolescencia, una relación sentimental dañina o una educación muy exigente. Estos episodios, aunque no se clasifiquen como traumáticos en el sentido clásico, pueden seguir influyendo en la vida adulta. La terapia EMDR permite procesar estas vivencias y transformar la manera en que afectan a nuestras emociones y decisiones.
¿Cómo funciona EMDR?
EMDR se diferencia de terapias como la cognitivo-conductual o el psicoanálisis. En lugar de centrarse en el análisis racional, activa el sistema natural del cerebro para procesar recuerdos difíciles. Se identifican experiencias relacionadas con los problemas actuales y se trabaja con las emociones, pensamientos y sensaciones físicas asociadas. Uno de los elementos clave son los movimientos oculares, aunque también puede utilizarse estimulación auditiva o táctil bilateral.
Esta técnica fue descubierta por Francine Shapiro y ha demostrado eficacia científica. El nombre de la terapia, EMDR, proviene de sus siglas en inglés: Eye Movement Desensitization and Reprocessing.
¿Por qué funciona?
Se cree que EMDR aprovecha mecanismos similares a los que se activan durante la fase REM del sueño, cuando se producen movimientos oculares naturales mientras soñamos. Este proceso nocturno podría servir al cerebro para integrar emociones y experiencias del día. Estudios también sugieren que los movimientos oculares actúan sobre el sistema nervioso autónomo y pueden desbloquear reflejos de orientación que quedaron suspendidos durante experiencias traumáticas. Además, se ha observado que afectan a la memoria de trabajo, facilitando la reorganización adaptativa de los recuerdos.
Aunque los efectos están científicamente comprobados, aún se investiga el mecanismo exacto que produce sus beneficios.
Más que mover los ojos
Es importante entender que EMDR no se limita a mover los ojos. El trabajo terapéutico requiere una preparación cuidadosa, selección adecuada de los recuerdos a procesar y la guía experta del terapeuta. En muchas ocasiones, el sistema de procesamiento emocional de una persona se bloquea por la intensidad de la vivencia o por la imposibilidad de aceptar ciertas emociones. Por eso, la ayuda profesional es esencial para que el proceso avance de forma segura.
¿Qué problemas puede tratar EMDR?
La terapia EMDR puede aplicarse a una amplia variedad de situaciones, más allá de diagnósticos concretos. En algunos casos, se combina con tratamientos médicos o farmacológicos. Por ejemplo, en trastornos como la diabetes, EMDR no sustituye a la medicación, pero puede reducir el impacto emocional del diagnóstico. Ha mostrado buenos resultados también en patologías psiquiátricas graves, como el trastorno bipolar o la psicosis, siempre como complemento de otros tratamientos.
Dado que en algunos casos se observan mejoras en pocas sesiones, es posible hacer una prueba inicial antes de embarcarse en un tratamiento completo.
¿Es una terapia rápida?
Numerosos estudios han demostrado que EMDR puede producir cambios más rápidamente que otras terapias, aunque esto depende de la historia personal de cada paciente. No es lo mismo tratar un único evento traumático reciente que abordar una vida entera de experiencias adversas. En algunos casos, bastan unas pocas sesiones; en otros, el proceso es más extenso. Todo se adapta según lo que el paciente necesite, incluyendo la frecuencia de las sesiones y los objetivos del tratamiento.
¿Se puede aplicar en todas las edades?
EMDR puede utilizarse con personas de cualquier edad, incluidos niños pequeños, ya que no requiere una gran capacidad verbal o de análisis. De hecho, en los niños el progreso suele ser más rápido. También es útil para quienes tienen dificultades para expresar lo que sienten o lo que han vivido, permitiendo trabajar con recuerdos difíciles incluso cuando no se pueden poner en palabras.
¿En qué casos puede resultar menos eficaz?
Hay personas que, por mecanismos de defensa, evitan el contacto con sus emociones o rechazan la ayuda externa. En estos casos, es necesario un trabajo previo para preparar el terreno terapéutico antes de iniciar el tratamiento con EMDR. También hay pacientes que tienden a desconectarse de lo que sienten, y requieren un enfoque adaptado a su situación.
Una terapia integral: mente y cuerpo
La ventaja de EMDR es que integra aspectos cognitivos, emocionales y corporales. Esto lo hace especialmente útil para problemas donde lo emocional influye en lo físico, como enfermedades psicosomáticas. Nuestra mente y cuerpo están interconectados, y trabajar emocionalmente puede tener efectos positivos sobre la salud física. Por ejemplo, una paciente con dificultades en sus relaciones personales y colon irritable notó una mejoría significativa en ambos aspectos tras procesar con EMDR recuerdos de su infancia y adolescencia relacionados con esas dificultades.
Evidencia científica de EMDR
EMDR cuenta con numerosos estudios que respaldan su eficacia, especialmente en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático. Las guías clínicas internacionales lo recomiendan como terapia de primera elección. Además, hay investigaciones en curso para comprobar su utilidad en otros trastornos como la depresión, la esquizofrenia y enfermedades médicas con componentes emocionales. Es importante, eso sí, que el terapeuta esté debidamente formado y utilice protocolos validados. No es solo todo lo que incluye movimientos oculares